Geodred nació en una familia adinerada de Edoras (capital de Rohan). Durante su infancia, fue educado como un noble más, pero descubrió que había personas que no podían probar suculentos manjares, ni viajar fuera de la capital para disfrutar de un baño en el río Anórien al norte, ni dormir en camas mullidas y limpias día a día, ni disfrutar de la gran cantidad de lujos con los que él vivía. Así, con la edad, fue ofreciendo a las gentes de su pueblo lo que podía sacar de casa sin ser descubierto.
Un día, la mala suerte llego en uno de sus pequeños de robos. Mientras guardaba unos pedazos de pan y carnes de la cocina, su padre, Saerdin, entró en la habitación, descubriendo a la persona que durante semanas estaba llevándose la comida. Enfadado por descubrir que su propio hijo se había convertido en un ladrón de poca monta, le mostró las consecuencias de sus actos. Le llevó hasta la pequeña cárcel de Edoras, para mostarle una horrible visión de gentes desnutridas, con heridas, sucios... a algunos les faltaban las manos. Saerdin le contó a Geodred que esas eran las consecuencias de ser pillado robando en la capital. Pero esto no fue la peor. En una de las celdas estaba uno de los sirvientes con la mano seccionada. Geodred se enteró que había sido culpado injustamente por los robos que él había cometido. El muchacho quedó marcado, y decidió que nunca más sería nadie culpado por lo que él hiciera.
Un año después, en uno de sus días de escape de la casa, entro en las caballerizas de su familia, donde encontró a un hombre inusual: alto, con pelo negro y ojos grises. Su nombre era Aegnor, un Dúnedain. Éste le contó poco a poco, durante las visitas de Geodred, historias sobre héroes, dragones y tesoros. Esto último, llamó mucho la atención a Geodred, que pensó que si encontraba un buen tesoro abandonado, podría compartirlo con las gentes que lo necesitaran sin que nadie saliera herido.
Y así, varios años después, decidió marcharse con Aegnor en busca de tesoros. Su padre accedió orgulloso de que su hijo se convirtiera en un hombre y decidiera el camino de su vida, pero ni siquiera él sabia lo que le esperaba…
Un día, la mala suerte llego en uno de sus pequeños de robos. Mientras guardaba unos pedazos de pan y carnes de la cocina, su padre, Saerdin, entró en la habitación, descubriendo a la persona que durante semanas estaba llevándose la comida. Enfadado por descubrir que su propio hijo se había convertido en un ladrón de poca monta, le mostró las consecuencias de sus actos. Le llevó hasta la pequeña cárcel de Edoras, para mostarle una horrible visión de gentes desnutridas, con heridas, sucios... a algunos les faltaban las manos. Saerdin le contó a Geodred que esas eran las consecuencias de ser pillado robando en la capital. Pero esto no fue la peor. En una de las celdas estaba uno de los sirvientes con la mano seccionada. Geodred se enteró que había sido culpado injustamente por los robos que él había cometido. El muchacho quedó marcado, y decidió que nunca más sería nadie culpado por lo que él hiciera.
Un año después, en uno de sus días de escape de la casa, entro en las caballerizas de su familia, donde encontró a un hombre inusual: alto, con pelo negro y ojos grises. Su nombre era Aegnor, un Dúnedain. Éste le contó poco a poco, durante las visitas de Geodred, historias sobre héroes, dragones y tesoros. Esto último, llamó mucho la atención a Geodred, que pensó que si encontraba un buen tesoro abandonado, podría compartirlo con las gentes que lo necesitaran sin que nadie saliera herido.
Y así, varios años después, decidió marcharse con Aegnor en busca de tesoros. Su padre accedió orgulloso de que su hijo se convirtiera en un hombre y decidiera el camino de su vida, pero ni siquiera él sabia lo que le esperaba…
Espero que te guste Pisa.
ResponderEliminarUn saludo.
Buen trasfondo, sí señor. Pero tengo a couple of questions.
ResponderEliminar¿Y cómo es que estaba en la caballeriza de sus padres y Geodred me visitaba? ¿Trabajaba para los padres o intenté colarme para mangar algo y el chico me pilló? ¿O buscaba refugio porque llovía y le encontré allí?
¿¿¿¿TU HAS LEIDO TU TRASFONDO????? ¡¡¡¡¡¡TRABAJABAS PARA ELLOS!!!!!!
ResponderEliminarMADAFACAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
Justo lo acabo de leer. Mis manos son más rápidas que mi cabeza a la hora de recordar.
ResponderEliminarCierto, cierto. Perdón por las molestias, señor master.
Joder, yo currandome las conexiones y tu haciendote el listo.
ResponderEliminarMoriras de hambre, Aegnor, lo haras tarde o temprano, por cierto, xq coño no te conectas mientras estas en el ordenador, asi no hay quien hable, madafaca