Aenthiel creció en Bree, un pequeño pueblo de Eriador. Vivió con una familia humilde, aunque nunca conoció a sus verdaderos padres, ya que estos la encontraron en un poblado cercano, que había sido atacado por orcos.
Ella, ayudaba en una de las más famosas tabernas del lugar, El Pony Pisador. Trabajó como ayudante, cargando las cajas que traían de provisiones. Un día, mientras llevaba unas cajas de vuelta al almacén, vio a varios niños alrededor de un viejo. Observándolo con atención y riendo, Aenthiel, cansada, decidió tomarse un respiro y acercarse a mirar que ocurría. Así descubrió que el viejo conseguía hacer desaparecer cosas delante de los ojos de los niños, convertía un simple papel en una flor e incluso llegó a prenderse uno de los dedos con una llama, como si fuera una vela.
Durante las semanas siguientes, Aenthiel comenzó a escaparse del trabajo para ir a ver al viejo, hasta que éste se dio cuenta de que en todas sus funciones había una pequeña niña en la primera fila, y decidió tomarla como voluntaria en una de sus pequeñas demostraciones. Cuando la moneda que debía de aparecer en la mano de Aenthiel no apareció, el viejo quedó sorprendido y le pregunto a Aenthiel dónde la había escondido. Entonces, sonriente, abrió la mano contraria y mostró no solo la moneda que debía de aparecer, sino otra más. El viejo, contento, decidió llevarse a Aenthiel a Isengard, para formarla y enseñarla, sus padres decidieron que seria lo mejor para ella.
Desde el día en que comenzó a estudiar las artes mágicas, muchos la vieron como un problema. Decidida, no dudaba de sus creencias y objetivos ni en los momentos en los que cometía errores. No solo atraía las miradas por su comportamiento, sino también por su belleza. Los magos nunca han llegado a ser cuidadosos al completo de su cuerpo, pero durante sus años en Isengard, Aenthiel nunca consiguió que las largas horas de estudio y práctica, hicieran mella alguna en su físico.
Cuando consiguió ser una maga reconocida por Isengard, decidió dedicar su vida a demostrar que no solo los hombres pueden llevar las riendas, y que incluso una mujer, podría influir en la evolución del mundo y sus sociedades. Consiguió una audiencia con Saruman el Blanco, el líder de Isengard, un gran mago, junto con Gandalf el Gris aunque nadie lo haya visto desde hace tiempo. Aenthiel expuso sus ideales y Saruman, contento por ver su dedicación, le propuso que demostrara, no sólo con palabras, que podría conseguirlo.
Así, Aenthil abandonó la ciudad para obtener experiencia personal con las artes mágicas, no solo en combate, sino también para aprender de manera natural las adversidades que pueden surgir en la Tierra Media.
Ella, ayudaba en una de las más famosas tabernas del lugar, El Pony Pisador. Trabajó como ayudante, cargando las cajas que traían de provisiones. Un día, mientras llevaba unas cajas de vuelta al almacén, vio a varios niños alrededor de un viejo. Observándolo con atención y riendo, Aenthiel, cansada, decidió tomarse un respiro y acercarse a mirar que ocurría. Así descubrió que el viejo conseguía hacer desaparecer cosas delante de los ojos de los niños, convertía un simple papel en una flor e incluso llegó a prenderse uno de los dedos con una llama, como si fuera una vela.
Durante las semanas siguientes, Aenthiel comenzó a escaparse del trabajo para ir a ver al viejo, hasta que éste se dio cuenta de que en todas sus funciones había una pequeña niña en la primera fila, y decidió tomarla como voluntaria en una de sus pequeñas demostraciones. Cuando la moneda que debía de aparecer en la mano de Aenthiel no apareció, el viejo quedó sorprendido y le pregunto a Aenthiel dónde la había escondido. Entonces, sonriente, abrió la mano contraria y mostró no solo la moneda que debía de aparecer, sino otra más. El viejo, contento, decidió llevarse a Aenthiel a Isengard, para formarla y enseñarla, sus padres decidieron que seria lo mejor para ella.
Desde el día en que comenzó a estudiar las artes mágicas, muchos la vieron como un problema. Decidida, no dudaba de sus creencias y objetivos ni en los momentos en los que cometía errores. No solo atraía las miradas por su comportamiento, sino también por su belleza. Los magos nunca han llegado a ser cuidadosos al completo de su cuerpo, pero durante sus años en Isengard, Aenthiel nunca consiguió que las largas horas de estudio y práctica, hicieran mella alguna en su físico.
Cuando consiguió ser una maga reconocida por Isengard, decidió dedicar su vida a demostrar que no solo los hombres pueden llevar las riendas, y que incluso una mujer, podría influir en la evolución del mundo y sus sociedades. Consiguió una audiencia con Saruman el Blanco, el líder de Isengard, un gran mago, junto con Gandalf el Gris aunque nadie lo haya visto desde hace tiempo. Aenthiel expuso sus ideales y Saruman, contento por ver su dedicación, le propuso que demostrara, no sólo con palabras, que podría conseguirlo.
Así, Aenthil abandonó la ciudad para obtener experiencia personal con las artes mágicas, no solo en combate, sino también para aprender de manera natural las adversidades que pueden surgir en la Tierra Media.
Una maga buenorra, eh?... mhhhh
ResponderEliminar¿Nena, sabes que Aegnor significa "hombre de atributos viriles inconmensurables" en un idioma que me acabo de inventar?
Powerthirst FROM KENYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
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